lunes, 14 de julio de 2014

LA EXPEDICION LIBERTADORA. Colección Documental de la Independencia del Perú. Comisión Nacional de Bicentenario de Sequicentenario de la Independencia del Perú



LA EXPEDICIÓN LIBERTADORA DE SAN MARTÍN: DE VALPARAISO A PARACAS

La expedición zarpó finalmente el 20 de agosto de1820, y atracó en Paracas el 7 de septiembre de 1820. 

La Expedición Libertadora inicia su viaje de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de 1820. Trae en sus filas a soldados de las hermanas repúblicas de Argentina y Chile (más de 4000 soldados pertenecientes a las armas de infantería, artillería y caballería) y 16 navíos comandados por Cochrane.

El 8 de setiembre de 1820, después de diecisiete días de navegación, fondean en la bahía de Paracas, en las vecindades de Pisco (departamento de Ica-Perú).

El ejército desembarcó el 8 de setiembre de 1820 y avanzó sobre el pueblo de Pisco.


Ese mismo día, San Martín lanzó la proclama al ejército libertador estableciendo a su vez severas sanciones, para evitar cualquier exceso que se pueda cometer en tierras peruanas (algunas de estas sanciones llegaban hasta la pena de muerte).

Además, entre otras cosas, expresaba que la Constitución promulgada por las Cortes de Cádiz en 1812 no solucionaba el deseo americano de independizarse del dominio español. Agregaba que el Virrey Pezuela usaba esa Constitución para ocultar sus verdaderos propósitos de perpetuación del antiguo régimen, del mismo modo que el Virrey Abascal, llegó a engañar cuando anunció reformas que nunca se produjeron.

Finalizaba expresando: "En todos los puntos que ocupe el Ejército Libertador, o estén bajo su inmediata protección, han fenecido de hecho las autoridades puestas por el gobierno español".


NRMQ

Tomado de: http://nestorhistoriaperu.blogspot.com/2011/08/la-expedicion-libertadora-de-san-martin.html

MEMORIAS, DIARIOS Y CRONICAS. Colección Documental del Independencia del Perú. Comisión Nacional del Bicentenario de la Indepedencia del Perú


BOLIVAR. Libertador y enemigo No. 1 del Perú. Herbert Morote. Campodonico Editores



Bolívar: Libertador y enemigo del Perú

de tinta y papel
Luis Ordóñez Sánchez
columnista
El doctor Herbert Morote nos regala la magnífica obra “Bolívar: Libertador y enemigo n° 1 del Perú”. Claro, para el común de los peruanos, el título de la obra provoca reacción natural, porque ¿Cómo puede el Libertador Simón Bolívar ser considerado enemigo n° 1 del Perú, si es el libertador del yugo español? El contenido de la obra desgrana de manera progresiva el real comportamiento del libertador.
El doctor Morote nos indica primero que “Sin Bolívar el Perú no se hubiera independizado el año 1824”; sin embargo, también afirma la contraparte “Pero sin él, el Perú hubiera sido más grande (En territorio) y fuerte”. “Sin Bolívar nuestra independencia hubiera demorado unos años. Con Bolívar nuestras pérdidas fueron irrecuperables. En solo quince meses Bolívar logró la victoria contundente que puso fin a trescientos años de colonialismo. Pero, la premura por independizarnos el año 1824 nos costó, entre muchas cosas, la pérdida de más de la mitad del territorio nacional ¿Ha habido otro país latinoamericano que haya pagado por su independencia más de un millón cien mil kilómetros cuadrados? Bolívar no se contentó con despojarnos de Guayaquil y el Alto Perú (Bolivia), también pretendió apoderarse de Jaén y Maynas, y regalar a Bolivia la costa desde Tacna a Antofagasta”
Quien se despoja tan fácilmente de un territorio que no es suyo, realmente es enemigo n° 1, porque da un terreno que no le costó y no siente nada. La historia dice que Bolívar ya pretendió entregar al gobierno británico (1815) “Las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme de éstos países el centro del comercio del universo”. Bolívar pretendió y consiguió ser “Presidente Vitalicio” del Perú, a fin de hacer lo propio con Venezuela, Colombia y Bolivia y tener hegemonía sobre éstos países. Tenía ambición de desplazar a San Martín como Libertador del Perú, luego de sus triunfos en Venezuela y Colombia.
Pero, el pago por la independencia del Perú fue mucho más que el desmembramiento del territorio. Bolívar “Hizo atropello constante a la Constitución. Mancilló al parlamento. Traicionó a la población indígena. Restauró la esclavitud. Dejó un mal ejemplo de caudillaje militar”
“Desde la llegada de San Martín, el ejército del virreinato español se defendía acorralado en las inhóspitas cumbres de los andes. Argentina, Chile, Ecuador, Colombia y Venezuela, no podían consolidar su independencia sin acabar con la amenaza del ejército realista del Perú” “Durante 14 años los españoles habían defendido exitosamente el virreinato del Perú; pero en 1824 habían perdido contacto con España”
“Bolívar necesitada primero pasar por Quito, que estaba en manos españolas. Para eso la mejor manera de atacar ese baluarte colonial era desde Guayaquil y de paso apoderarse de ese puerto prácticamente controlado por Perú desde tiempos muy remotos. Es así como las tropas comandadas por Sucre llegaron en mayo de 1821 a Guayaquil sin que San Martín se opusiera”. En la batalla de Pichincha, en el norte, se derrota a los españoles; luego en la batalla de Ayacucho se liquida la ocupación colonialista de los españoles”. Hombres de Venezuela, Ecuador, Colombia, Argentina y Perú lucharon por la libertad del yugo español.
De aquí arranca otra historia. El libertador pretendía ser Presidente vitalicio de todos estos países, con manejo de las economías sin obligación de rendir cuentas a nadie, de disponer de un sucesor en la presidencia a quien él quisiese, de designar en los cargos de los gobiernos a las personas que estarían bajo sus órdenes. Sin embargo, la presión de los pueblos, de estar trescientos años sin libertades, ha hecho que el vapor abra la tapa de la olla a presión con violencia, “por eso Bolívar al morir no dejó ni herederos ni herencia, solo burdos imitadores y caos”.

EL ESTUDIO DE CASOS. José Flores Barboza


TEJIDO DE SUEÑOS. Imágenes y fiestas andino. Fondo Editorial del Congreso del Perú


QAYNA, KUNAN, PAQARIN. Roberto Zariquiey - Gavina Córdova. Fondo Editorial PUC


ENSAYO SOBRE LA LIBERTAD. Suart Mill. Fontana



Ensayo sobre la libertad de John Stuart Mill

En este ensayo, el objetivo del filósofo y economista inglés John Stuart Mill, es explícitamente el de establecer la naturaleza y los límites del poder que puede ser ejercido legítimamente por la sociedad sobre el individuo. 

Para Stuart Mill, los hombres en las naciones habían pasado de buscar limitar el poder de sus gobernantes a convertirlos en defensores y delegados de la voluntad de la nación; sin embargo, esto no implicaba un olvido total del límite que se le había de exigir tanto a los gobiernos (incluida la llamada “tiranía de la mayoría”) como a la sociedad entera respecto a los individuos. Mill establece que existen ciertos derechos humanos inalienables y uno de ellos es la libertad; nadie tiene derecho a turbar la libertad de acción del hombre, salvo en casos especiales de defensa propia o para impedir que un miembro de la comunidad dañe a otros.

El hombre es independiente y soberano sobre su cuerpo y su espíritu (excepto los menores de edad y la gente que padece sus facultades mentales). Sólo se le puede obligar a actuar cuando es en beneficio de los demás y en caso de no cumplir podrá ser castigado. Es responsable, ante los individuos y ante la sociedad, si hace el mal; pero también lo es si pudiendo evitarlo, no lo hace.

Mill enuncia las principales libertades del hombre que, al no implicar a terceros, no le conciernen a la sociedad sino solamente al individuo. Estas libertades son: de conciencia, de pensar y sentir, de opiniones y sentimientos, de expresar y publicar opiniones, de gustos e inclinaciones, de organizar la propia vida, de hacer lo que plazca (aceptando las consecuencias) y de asociación con cualquier fin (mientras no sea con engaño y sean mayores de edad los asociados). Una sociedad no será realmente libre si estas libertades no son respetadas en forma absoluta. Stuart Mill hace aquí una de las observaciones más importantes sobre el mundo: existe en él una tendencia a aumentar la fuerza de la sociedad y reducir la del individuo.

Defiende la libertad de opinión y de pensamiento. Ni el pueblo por sí mismo ni su gobierno tienen derecho a coaccionar la opinión, sea ésta falsa o verdadera; el único deber del gobierno es formar formas de pensar que se ajusten a la verdad. Mill considera que las penas legales que restringen la libertad de expresión han disminuido, pero en cambio han dado lugar a estigmas sociales, los cuales resultan igualmente útiles y no son sino retazos y restos de las persecuciones, principalmente religiosas que atravesó Europa.

Stuart Mill enuncia cuatro motivos principales por los cuales se debe defender la libertad de expresión: 1) Condenar al silencio una opinión que puede ser verdadera, supondría considerarnos infalibles y poseedores de la certeza absoluta, lo cual no es posible. 2) Una opinión equivocada puede contener algo de verdad, la cual sólo puede ser conocida totalmente por el contraste. 3) Una opinión verdadera que se sigue discutiendo no se convierte en prejuicio sino que se mantiene vigorosa y se comprenden sus fundamentos. 4) Al dejar de discutir una opinión se puede perder su sentido profundo y su efecto vital sobre el carácter.

Posteriormente, Mill se refiere a la importancia de la individualidad. La libertad del individuo sólo puede ser limitada en los casos en los que afecte a sus semejantes y la individualidad debe afirmarse en todos los asuntos que no atañen a los demás. La personalidad y la diversidad de caracteres debe ser desarrollados ya que vuelve más valiosa y plena la vida, tanto individual como colectivamente. Mill considera como una tendencia general en el mundo el hacer de la mediocridad la potencia dominante entre las personas. Sugiere un menosprecio a las costumbres tradicionales al considerar que su aceptación ciega implica un abandono de ciertas facultades como el juicio o el discernimiento y propone que partir de ese rechazo se creen mejores modos de obrar y costumbres más dignas. Esto a pesar de que la orientación de la opinión pública se dirige hacia la intolerancia de toda forma de individualidad.

Retomando a Guillermo de Humboldt, enuncia las dos condiciones necesarias para el desarrollo humano y, por tanto, de la individualidad: 1) La libertad. 2) Variedad de situaciones. Las tendencias a leer, escuchar y ver lo mismo; tener las mismas esperanzas, derechos y libertades; una expansión de la educación y el progreso de los medios de comunicación y el Estado, entro otros factores, terminan por establecerse como enemigos de la individualidad. El riesgo está en que la humanidad sea incapaz de comprenderla al perder el hábito de verla.

Para Mill, no existe un contrato social y tampoco las llamadas obligaciones sociales que se desprenden de él; sin embargo, lo que sí existe es una protección que brinda la sociedad al individuo y éste tiene que responder a ella de dos formas: 1) No perjudicando los intereses y derechos del prójimo. 2) Tomando pararte en los trabajos y sacrificios para defender a la sociedad y sus miembros. La sociedad tiene el derecho de imponer estas obligaciones así como de castigar cuando no se cumplen; incluso a veces puede censurar y castigar con la opinión, pero su poder no debe ir más allá en lo que no le incumbe. Puede y debe sugerir cosas para el actuar y la educación de sus miembros con el fin de evitar futuros problemas, pero debe darle preeminencia a la libertad individual y la responsabilidad que ella misma tiene sobre sus actos. Uno de los mayores peligros de la intervención pública en la conducta personal es que lo hace sin medida y fuera de contexto. Y este tipo de intervención, para Mill, se ha convertido en una tendencia universal.

Mill retoma de nuevo las dos máximas principales de su ensayo: El primero: la persona no tiene derecho a rendir cuentas a nadie mientras no afecte los intereses del otro; el segundo: el consejo, la instrucción, la persuasión y el aislamiento social son los únicos medios legítimos que tiene  la sociedad sobre el actuar individual. El gobierno debe evitar el crimen antes de que se cometa y sólo en casos excepcionales podrá ejercer un uso legítimo de la violencia para evitar un mal no deseado. Pero sus atribuciones serán tan pocas que ni siquiera deberá imponer restricciones en el comercio, dejando este campo al libre intercambio. De la misma forma el Estado tendrá la menor participación posible dentro de la industria, dejándosela a particulares. Cuando sea necesario, impondrá impuestos como medio de restricción al consumo y los efectos de ciertos artículos, pero habrá de tomar en cuenta cuáles son los artículos más prescindibles en una sociedad. 

En cuestión de educación, Mill hace algunas observaciones importantes. Considera que el gobierno debe agotar las posibilidades de educar a las clases obreras y gobernarlas como si fuesen clases libres. Pero deberá exigir e imponer cierta educación a la totalidad de sus ciudadanos, limitándose a ayudar económicamente a quienes no dispongan de los medios necesarios para dar esa educación a sus hijos. Esta educación la podrán recibir donde y con quienes les plazca, pues el Estado no deberá tener el control de ella ni el poder de impartirla. Cualquier esfuerzo del Estado por influir en la educación y el pensar de sus ciudadanos es particularmente nocivo.

Finalmente, Mill recalca que ni siquiera en esos ámbitos en los que el Estado puede intervenir sin violar la libertad de los individuos es deseable su participación. Argumenta las siguientes razones: 1) Hay cosas que el individuo puede hacer mejor. 2) Es preferible que, aunque el gobierno puede ser más eficaz, las cosas las hagan los individuos, ya que incrementa su independencia, experiencia y conocimiento. 3) Es peligroso incrementar innecesariamente el poder del gobierno. Las burocracias adquieren tantas facultades que todo queda en sus manos. La verdadera obligación del Estado es estimular la actividad de sus ciudadanos y no hacer todo por ellas, pues a final de cuentas, como dice Stuart Mill: “El valor de un Estado, a la larga, es el valor  de los individuos que lo constituyen”[1].

Stuart Mill toca muchos aspectos de suma importancia en el México actual, aspectos todos largos de abordar. Me enfoco en uno de ellos, relacionado con la libertad de actuar y el poder sobre sí que tiene un individuo. Se puede hacer un análisis interesante sobre el tema en nuestro país, sobre todo tomando en cuenta la “guerra contra el narcotráfico” y la reciente aprobación de la marihuana recreativa en algunos estados de EEUU. ¿Hasta qué punto el individuo tiene la responsabilidad en el consumo de drogas y el Estado el derecho de impedirlo? ¿Es realmente un asunto de salud pública o sólo se argumenta esto con el fin de tener más controles sobre los ciudadanos? Tal vez una posible respuesta y solución a este problema esté, como muchos han dicho, en la educación. ¿Son educados los individuos para realmente ser libres y tener el control total de sus decisiones así como asumir responsabilidades? Habría que analizar entonces la educación que recibimos, si ha funcionado, por qué sí y por qué no; ¿realmente tiene el objetivo de educar a los ciudadanos para ser libres y responsables o, como argumenta Mill, el resultado de la intervención y el control del Estado sobre ésta no ha sido sino nocivo? ¿Habría entonces qué quitarle, en el México actual, el control de la educación al Estado y transferirlo a los individuos para que cada cual decida qué educación quiere recibir? Me resulta interesante la opinión de Mill en un contexto en donde algunos sectores defienden a ultranza, aunque ya planteado desde tiempos de Aristóteles, la educación pública. Tal vez sería bueno y útil poner en práctica este punto en Mill, pues a final de cuentas él no exige que el Estado se desentienda del tema, sino todo lo contrario pues el Estado deberá exigir y apoyar la educación sus ciudadanos. Es probable que un cambio en la educación de estos repercuta en la forma en que se gobiernen a sí mismos, en que conozcan sus libertades y deberes y sean capaces de exigir y limitar el poder que el Estado quiera imponer sobre ellos. Me quedo, sin embargo, con más preguntas que respuestas.

Bibliografía:
Stuart Mill, John, Ensayo sobre la libertad, Barcelona, Ediciones Brontes, 2011, 125 pp.

Tomado de: http://javiersanchezcarbajal.blogspot.com/2012/11/ensayo-sobre-la-libertad-de-john-stuart.html